Polimedicación en personas mayores: riesgos y cómo gestionarla bien

Mujer mayor revisando el prospecto de un medicamento junto a su pastillero semanal

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Abres el cajón de la mesilla de tu padre y cuentas: nueve cajas. Alguna la reconoces, otras no. Hay dos pastilleros, uno con las tomas de la semana pasada todavía dentro, y un blíster empezado del que nadie sabe decirte para qué era.

Ese cajón es más peligroso de lo que parece, y no porque los medicamentos sean malos. Cada uno, por separado, se recetó por un buen motivo. El problema es que nadie los ha mirado nunca todos juntos.


Qué es la polimedicación y desde cuándo preocupa

Se habla de polimedicación —o polifarmacia— cuando una persona toma cinco o más medicamentos de forma continuada. Es la definición más usada en geriatría, y aunque el número exacto se discute, el umbral funciona bien como aviso: a partir de ahí, la probabilidad de que dos fármacos interfieran entre sí deja de ser anecdótica.

Conviene entender que la polimedicación en personas mayores no es, por sí sola, un error. Una persona de ochenta y cinco años con hipertensión, diabetes, artrosis y una arritmia va a necesitar varios tratamientos, y quitarlos por quitarlos sería peor. Lo que hay que vigilar no es la cantidad, sino algo más incómodo de mirar: si cada una de esas cajas sigue haciendo falta hoy.

La pregunta que importa no es «¿cuántas pastillas toma?», sino «¿quién ha revisado la lista entera la última vez, y cuándo?». En muchas familias la respuesta sincera es que nadie, nunca: cada especialista añadió lo suyo y nadie tuvo la foto completa.


Por qué se acumulan los medicamentos

La lista crece por acumulación, casi nunca por una mala decisión concreta. El traumatólogo receta un antiinflamatorio, el cardiólogo ajusta la tensión, el médico de familia añade un protector de estómago, en urgencias sale con un ansiolítico «para unos días» que se queda diez años. Cada paso es razonable. El conjunto, no.

A eso se suma un mecanismo con nombre propio que explica buena parte del problema: la cascada terapéutica.

La cascada terapéutica Esquema en cuatro escalones que muestra cómo un efecto secundario confundido con una enfermedad nueva lleva a recetar más medicamentos. Medicamento A para la tensión Efecto secundario mareo al levantarse Se lee como síntoma nuevo Medicamento B para el mareo
La cascada terapéutica: un efecto secundario que se interpreta como enfermedad nueva y termina sumando otro medicamento a la lista

El esquema es siempre el mismo. Un fármaco provoca un efecto secundario —mareo, estreñimiento, temblor, confusión—, ese efecto se interpreta como un problema nuevo y se receta un segundo fármaco para tratarlo. El segundo tiene a su vez sus efectos, y la lista sigue creciendo. Nadie se equivocó en ningún paso; simplemente nadie miró hacia atrás.


Los riesgos reales, sin dramatizar

Estos son los cuatro frentes que preocupan a los geriatras, por orden de frecuencia con que dan problemas:

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Caídas

Los sedantes, los ansiolíticos y algunos fármacos para la tensión provocan mareo e inestabilidad. Es una de las causas evitables más frecuentes de caídas en personas mayores.

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Interacciones

Dos medicamentos que por separado funcionan bien pueden potenciarse o anularse. Con cinco fármacos las combinaciones posibles se disparan, y ahí entran también las plantas y los suplementos.

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Menos apetito

Muchos fármacos secan la boca, alteran el sabor o revuelven el estómago. Se come menos y peor, y aparece la malnutrición, que debilita todo lo demás.

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Confusión

Algunos medicamentos muy comunes provocan despistes y somnolencia que se confunden con deterioro cognitivo. A veces «el abuelo está peor de la cabeza» es un efecto secundario reversible.

Ese último punto merece un aviso, porque es el que más veces cambia un diagnóstico: antes de dar por hecho que hay un deterioro, conviene descartar que sea la medicación. Es reversible, y se comprueba revisando la lista.


Cómo preparar la revisión con el médico

La revisión la hace el profesional, pero funciona mucho mejor si la familia llega con los deberes hechos. Estos cuatro pasos convierten una consulta de diez minutos en algo útil:

  • 1

    La bolsa con todo dentro

    Mete en una bolsa todas las cajas de la casa: recetadas, compradas sin receta, vitaminas, infusiones, cremas y colirios. Todo. Lo que no se enseña, no se revisa.

  • 2

    La lista escrita

    Un folio con el nombre de cada medicamento, la dosis, a qué hora se toma y —esto es lo importante— desde cuándo y quién lo mandó. Los tratamientos sin fecha de caducidad clara son los primeros candidatos a revisión.

  • 3

    Lo que ha cambiado

    Anota los síntomas nuevos de los últimos meses y cuándo empezaron: mareos, caídas, estreñimiento, sueño, despistes. Cruzar esas fechas con las de los tratamientos nuevos es la forma más rápida de detectar una cascada.

  • 4

    Las tres preguntas

    ¿Este medicamento sigue haciendo falta? ¿Hay alguna alternativa más segura a esta edad? ¿Qué debería vigilar si lo retiramos? Escritas, para no quedarse en blanco en la consulta.

No retires nunca un medicamento por tu cuenta, ni siquiera uno que parezca inofensivo. Hay fármacos que no pueden suspenderse de golpe. La retirada planificada tiene nombre —deprescripción— y es un acto médico: se hace uno a uno, despacio y vigilando qué pasa.


Los grupos que más aparecen en las revisiones

Cuando un geriatra repasa una lista larga, hay familias de medicamentos que mira con especial atención. No porque sean malos —todos tienen su indicación—, sino porque son los que más veces siguen puestos cuando ya no hacen falta:

  • Ansiolíticos y pastillas para dormir. Se recetaron para una mala racha y llevan años. A partir de cierta edad se metabolizan peor, y el precio se paga en inestabilidad y despistes.
  • Protectores de estómago. Muchas veces entraron para acompañar a un antiinflamatorio que ya se retiró, y se quedaron solos en la lista sin que nadie los pusiera en duda.
  • Antiinflamatorios de uso continuo. Alivian el dolor articular, pero mantenidos en el tiempo castigan el riñón, el estómago y la tensión.
  • Fármacos con efecto anticolinérgico. Aparecen en tratamientos para la alergia, la incontinencia o el mareo. Sumados entre sí producen sequedad de boca, estreñimiento y confusión.
  • Antidiabéticos con objetivos demasiado estrictos. Buscar cifras de persona joven en alguien de noventa años tiene un riesgo concreto: la bajada de azúcar, que se parece mucho a un mareo cualquiera.
  • Suplementos y vitaminas. Rara vez causan daño directo, pero engordan la lista, cuestan dinero y compiten por el mismo hueco del pastillero.

Ninguno de estos grupos se retira por sistema. Lo que se hace es plantearles la pregunta que casi nunca se les hace: ¿esto sigue aportando más de lo que quita? A veces la respuesta es que sí, y se queda.


Cuando la persona vive sola

Todo lo anterior se complica si nadie está delante a la hora de la toma. Y hay una señal muy fiable de que el sistema ha dejado de funcionar: el pastillero aparece con dosis sin tomar, o con dosis de más. Cuando eso pasa una vez, es un despiste. Cuando pasa cada semana, la medicación ya no está bajo control, por muy bien recetada que esté.

Las señales que suelen acompañar son fáciles de ver si se buscan: cajas duplicadas de lo mismo, recetas caducadas, envases abiertos por sitios raros, o la persona diciendo «hoy creo que ya me la he tomado». En ese punto, la polimedicación en personas mayores deja de ser un asunto de listas y pasa a ser un asunto de supervisión: alguien tiene que estar.


Qué hace un equipo médico con una lista larga

En un entorno con seguimiento continuo, la polimedicación en personas mayores se aborda de forma sistemática, no cuando salta un problema. El geriatra revisa la lista completa con herramientas pensadas para esto: los criterios STOPP/START, que señalan por un lado los fármacos que suelen sobrar a partir de cierta edad y, por otro, los que deberían estar y no están. Porque el error también puede ser por defecto.

A partir de ahí el trabajo es rutinario y poco espectacular: retirar de uno en uno, ajustar dosis al peso y a la función del riñón, agrupar tomas para que sean menos y más fáciles de recordar, y observar. En Montesalud esa revisión la hace el equipo médico y de enfermería del centro, que ve a la persona todos los días y detecta antes que nadie si un cambio le ha sentado mal.

Es una de esas cosas que se notan poco y cambian mucho. Una persona que llega con doce fármacos y sale con ocho suele estar más despierta, comer mejor y caminar más segura, sin que se haya tratado ninguna enfermedad nueva.

La otra mitad del trabajo es la rutina: que la toma ocurra siempre a la misma hora, con la misma persona delante y con un registro de lo que se ha dado. Así es como se organiza un día en el centro, y es la parte que no se puede resolver con una buena receta.


Qué puedes hacer desde casa

Mientras llega la revisión, hay medidas sencillas que reducen el riesgo de forma inmediata:

  • Un solo pastillero semanal, preparado siempre por la misma persona y siempre el mismo día.
  • Una sola lista, actualizada, con copia en la cartera y foto en el móvil de los hijos. Vale su peso en oro en urgencias.
  • Fuera los sobrantes. Las cajas de tratamientos terminados se llevan al punto SIGRE de la farmacia. Si están en casa, alguien se las acaba tomando.
  • Cuidado con lo «natural». Las plantas medicinales y los suplementos interaccionan de verdad. Cuéntaselos al médico igual que el resto.
  • Una farmacia de referencia. Que siempre sea la misma permite que el farmacéutico detecte duplicidades entre recetas de distintos especialistas.
  • Revisión anual como mínimo, y siempre después de un ingreso hospitalario: es cuando más cambia la medicación y menos se explica.

Y una idea de fondo que ayuda a decidir sin agobios: a partir de cierta edad el objetivo del tratamiento cambia. Deja de ser alargar la vida a cualquier precio y pasa a ser mantener a la persona despierta, sin dolor y de pie. Con ese criterio, muchas listas se ordenan solas.

Residencia en Las Rozas de Madrid

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Lo que dicen las familias

Reseñas reales publicadas en Google por familias de residentes. Valoración media del centro: 4,6 sobre 5 con 265 reseñas.

★★★★★

Ingresamos a nuestra madre hace un año, nos acaba de dejar con 90 años y desde el primer día el trato de todo el personal (servicio médico, fisios, terapeutas, auxiliares etc) ha sido entrañable y muy cariñoso. Gracias de corazón por hacer que la estancia de nuestra madre en la residencia estuviera llena de calidez y humanidad.

Alfredo Donairemarzo de 2025 · Google
★★★★★

Sin duda, un trato familiar y cercano. Grandes profesionales con experiencia, y con mucha mano izquierda para solucionar e informar a los familiares. Se nota cuando la gente realiza su trabajo con entusiasmo y profesionalidad.

Paul Meyer Rodríguezmarzo de 2025 · Google
★★★★★

Mi madre, Eva María, ha estado muy poquito pero nos queda un gran recuerdo de su estancia. Además de las buenas instalaciones, yo destacaría la amabilidad y el cariño que hemos visto en todo el personal. Muchas gracias por ello.

Rafael del Ríofebrero de 2025 · Google

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